Paul McCartney en el Zocalo, Un concierto para llevar en el corazón

Paul McCartney en el Zocalo, Un concierto para llevar en el corazón

Ciudad de México, 10 de mayo de 2012.

Desde el día que el Jefe del Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, anunció mediante su cuenta de Twitter que Sir Paul McCartney ofrecería un concierto gratuito en el Zócalo de esta ciudad el 10 de mayo, todo fue una locura. Los hoteles que tenían vista al Zócalo mágicamente ya no tenían habitaciones disponibles para ese día. Y comenzaron a desatarse una serie de dudas al respecto: ¿Cómo controlarán el acceso? ¿A cuántos dejarán pasar? ¿Serán únicamente simpatizantes del partido que gobierna al DF? ¿Dejarán acampar días antes del evento?

Poco a poco esas dudas se fueron despejando. No dejarían acampar directamente en el Zócalo. Permitirían la entrada al evento únicamente el mismo 10 de mayo y habría varios cinturones de seguridad para ir cancelando el acceso conforme se fuera llenando la plaza. (Y obviamente NO te iban a preguntar por quien ibas a votar en las siguientes elecciones).

Mayo del 2012 será recordado para siempre como el mes en el que vivimos más fuertemente la Beatlemanía en México. Fue lo más cercano a tener a Los Beatles en nuestro país. Comenzando por el concierto en Guadalajara, el 5 de mayo, en el Estadio Omnilife, tres días después, en un increíble concierto en el Estadio Azteca, el 8 de mayo.

Y justo cuando creímos haberlo visto todo (aquellos que tuvimos la oportunidad de verlo el 5 y 8 de mayo), llegó el esperado 10 de mayo.

Nadie sabía con seguridad cómo iba a funcionar todo, ¿a qué hora sería bueno llegar? En las noticias planteaban un escenario drástico: “Medio Zócalo ya está lleno, y apenas es medio día”.

Personalmente pude llegar al Zócalo a eso de las 15 horas. No resistí la tentación de comer algo sabiendo que la espera sería larga. Así que comí lo más decente que encontré: Unos tacos de guisado, después de lo cual me dirigí al primer punto de control. Ingresé al Zócalo por la calle de Madero y, como era de esperarse, había ya muchísima gente. La plaza había sido separada mediante vallas en varias secciones, lo que evitaba que hubiera desplazamientos masivos y todos se volcaran hasta el escenario.

Una de las ventajas de haber ido solo, es que pude colarme poco a poco hasta estar prácticamente frente al escenario, en el centro, a solo unos metros de “la primera fila”, yo calculo unos 20 metros.

Todos decían que el concierto fue gratis, pero mucha gente dejó ahí pedazos de su alma. No saben lo increíblemente doloroso que es estar 6 horas (algunos 9 o más) en un espacio de 50 x 50 centímetros, bajo el sol, luego lluvia, luego sol otra vez. Sabiendo que si vas al baño perderás tu valioso lugar, y sin poder tomar agua y mucho menos alimentos. Para mí no fue gratis. Y tampoco fue gratis para muchas personas que viajaron desde muy lejos para ver su ídolo, y que tuvieron que trasnochar en el Zócalo una vez terminado el concierto, porque ya no había transporte público para regresar a sus lugares de origen.

Para mí, ese concierto me costó más que haberlo ido a ver a Guadalajara y al Azteca.

¿Cómo olvidar a la gente que veías ahí? Encontré una señora que había sido recién operada , y que no podía perderse el concierto, con miedo de ser empujada por la multitud. Me sorprendió gratamente ver muchas señoras mayores (70 o más años) esperando al pie del cañón junto con todos los jóvenes. Solo un Beatle podría hacer de una masa totalmente heterogénea un público que puede convivir en total tranquilidad y sin un solo evento que lamentar. Había niños de 10 años, adultos mayores y gente de todas clases sociales.

El Zócalo lucía fantástico. Antes de comenzar el pre-show los miembros de la banda de Paul salieron al escenario a tomar algunas fotografías y videos del lugar. Se notaba la emoción en sus rostros. Estoy seguro que presentían que sería una noche inolvidable.

Por fin, el momento había llegado. Tras un video musical proyectado en las pantallas gigantes que resumían la increíble y exitosa trayectoria del Beatle cara de niño, Sir Paul y su banda aparecieron en el escenario. Gritos ensordecedores, gente llorando de la emoción, y el corazón latiendo a mil por hora. Para muchos esta era la primera vez que podían verlo en vivo, y no podían creer lo que sus ojos estaban viendo.

Paul abrió el concierto con Hello, Goodbye, y pocos notaron que se equivocó en la letra. Quizá fueron los mismos nervios que en el 2002 lo traicionaron, pues en aquel entonces también se equivocó al cantar la misma canción en el Palacio de los Deportes. Pero ¡quién no estaría nervioso de estar frente a 250 mil personas!

Siguió con Junior´s Farm, de los Wings, para después darnos un fuerte golpe emocional con All My Loving. Las lagrimas volvieron a aparecer. Por alguna extraña razón esas canciones de la primer etapa de Los Beatles son las más esperadas y aplaudidas por los mexicanos. Las ovaciones interrumpían constantemente el discurso de Paul, con el famoso “Olé Olé Olé Olé…Sir Paul…Sir Paul”, al cual tuvo que hacer un improvisado acompañamiento musical para poder contener los ánimos de todos los asistentes.

La fiesta nunca terminó, y hubo muchos eventos significativos, desde el “¡Viva México Cabrones!”, “Son a toda madre!”, las felicitaciones a las “mamacitas” en su día, y cantar Birthday, hasta el mariachi en Ob La Di – Ob La Da, donde ya no sabías si reír, o llorar, o qué hacer. Y cómo olvidar los encendedores en Every Night y Let it Be, el baile de Abe Laboriel en Dance Tonight, el gigantesco coro en Hey Jude, o presenciar el milagro de la máxima obra del Rock, A Day in the Life.

Pero nada dura para siempre, y cuando comenzaron las notas de Golden Slumbers, Carry that Weight y The End sabíamos que eran los últimos minutos que teníamos para apreciar a quien junto con John, George y Ringo cambió el rumbo de la música. Estabamos frente a Paul McCartney quizá por última vez en nuestras vidas, solo el tiempo lo dirá.

Poco después de la media noche, sabíamos que habíamos presenciado El concierto de nuestras vidas.

Un histórico concierto que presumiremos a nuestros nietos, y que llevaremos en el corazón por siempre.

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